8 vicios que impiden una comunicación efectiva

El fin de semana le pregunté a mi audiencia en Instagram qué temas les gustaría que explicara para comenzar esta nueva etapa en mis Social Media y me llamó la atención que varias personas hablaran de la efectividad en la comunicación. Ciertamente, la comunicación ha de ser efectiva y eso se mide por la respuesta -esperada- del interlocutor de acuerdo a la intención con la que se comunica; cuando la respuesta se logra, la comunicación fue efectiva, cuando no se logra… ¡obvio!

Desde ese punto de vista, lo primero que debes tomar en cuenta es la intención de la comunicación. Ciertamente, hablar por hablar no es la idea, ni generará una respuesta efectiva –más bien, todo lo contrario-. Si piensas en un bebé recién nacido –que no ha desarrollado las herramientas del lenguaje oral y gestual- puedes ver que el proceso de comunicación se establece con mayor o menor efectividad en la medida que los padres pueden traducir sus intentos de comunicación en necesidades como el llanto por hambre, el llanto por dolor o por incomodidad, por ejemplo.

Con el roce social –con sus padres, hermanos y familiares cercanos- el bebé va adquiriendo habilidades comunicativas más allá del lenguaje en sí: desarrolla la risa propia, aprende a generar risa o llanto en otros y esas son su herramientas de comunicación hasta que va perfeccionando el lenguaje como tal. En todos los casos, la comunicación tiene una intención y es efectiva al recibir la respuesta esperada (satisfacer una necesidad). Lo curioso de este caso es que todos pasamos por eso y muchos tenemos la sensación de que –a medida que nos hacemos mayores- la comunicaión con otros es más difícil.

¿Por qué no nos comunicamos?

La respuesta es tan sencilla que da miedo: no nos comunicamos porque las mismas herramientas del lenguaje que aprendemos con los años, se interponen entre tú y tu interlocutor. Sí, como lo lees. Y no importa que me digas que has pasado miles de años estudiando el Castellano para dominarlo a la perfección, el lenguaje es una herramienta y el problema aquí sería una traspolación del dicho: ¡No culpes al mensajero! Sólo que, en este caso, el mensajero es el lenguaje y la aplicación de este lenguaje –como herramienta- es tu responsabilidad. Si aún no me explico, me voy a permitir ponerme gráfica/sanguinaria para que no quede la menor duda: si un hombre mata a otro con un cuchillo, el cuchillo no es el asesino ¿verdad? Bueno, así sólo que cambiamos al cuchillo por el lenguaje (oral, escrito, gestual).

De esta misma manera, vamos adquiriendo competencias del lenguaje que –al no ser aplicadas en los contextos adecuados- distorsionan la comunicación en lugar de enriquecerla. Por esto, con frecuencia me verás repetir que no es lo mismo escribir para ser leído, para ser escuchado o para ser visto; porque, en una segunda etapa, el medio por el que se establece la comunicación moldea de alguna forma la manera de expresar el mensaje en favor de esa efectividad que tanto buscamos. Pero ese es otro tema.

Para saber si este es tu caso, lo mejor es evaluar cada momento de la comunicación. Sí, esto se hace por momentos porque –aunque hables 18 horas al día con una misma persona- cada momento tiene sus propios tema e intención. ¿Cómo lo evalúas? Paseando por esta guía de vicios en la comunicación que te dejo a continuación y que son válidos tanto para tu vida diaria como para la comunicación en Social Media.

Los principales vicios que impiden una comunicación efectiva

  1. Reproches y acusaciones
  2. Generalizaciones
  3. Insultos
  4. Advertencias, amenazas, manipulación y victimización
  5. Órdenes
  6. Sermones moralizantes
  7. Comparaciones
  8. Sarcasmos

1.- Reproches y acusaciones

De las más comunes en la vida diaria y el reproche es más común mientras te encuentres en un círculo más íntimo. Los repreoches y acusaciones nacen, indiscutiblemente, de la pérdida de control (o sensación de pérdida de control) y vuelcan la frustración generada en otros. Sin importar si son responsables o no de aquello que le acusas, el señalamiento rompe la fluidez del proceso de comunicación al impedir cualquier argumento de la otra parte. Esto, a su vez, genera la misma frustración por pérdida de control y lleva a tu interlocutor a un plano en el que necesita defenderse. ¿Se te hace un escenario familiar? Pues así comienzan muchas discusiones serias, sobre todo en Social Media.

2.- Generalizaciones

A pesar de lo mucho que me desagradan las etiquetas, gran parte de la lucha de la humanidad ha sido abogar por el reconocimiento de aquello que nos diferencia. En muchos sentidos, la lucha por la individualidad y el sentido de pertenencia se mezclan pero sus fronteras son muy grises. Por esto, las generalizaciones son de las expresiones políticamente incorrectas más difíciles de detectar –salvo en contextos obvios, como el racial, por ejemplo- y más fáciles de generar conflictos en la comunicación. ¿Por qué? Porque para muchos es fácil meter a todos en el mismo saco, pero nadie quiere que otro lo meta en su saco –y aquí no importa el tema-. Mi punto está inmerso en la oración previa: el TODOS es una idea abstracta que no es homogénea y siempre habrá alguien que considere que no debe estar ahí. En cuanto a la comunicación, el problema viene en la intención: una verdad absoluta e ineludible que atañe a todos y te pone a ti en una posición moralmente superior a la vez que pone a tu interlocutor en una posición de desventaja. Nuevamente, prevalece el sentido de supervivencia, la necesidad de defenderse y se empasteló el asunto.

3.- Insultos

¿Tengo que explicarlo? Los insultos, junto con las groserías, son las faltas de respeto más comunes en la comunicación diaria. Sí. A pesar de la liberación femenina, de que los tiempos han cambiado y la moral es «más relajada», de que estamos en pleno Siglo XXI y lo que tú quieras… Las groserías son y serán siempre herramientas coloquiales del lenguaje asociadas a la falta de educación, modales, buenas costumbres o cómo prefieras llamarlo. Y, al igual que los insultos, dejan ver la poca intención que tienes de reconocer al otro como un igual. Sí, sé que que estás leyendo esto con cara de «esta tipa vive en el Siglo XV, ahora las cosas no son tan así». Pero sí lo son, incluso a un nivel inconsciente y kinésico podríamos evaluar este momento de la comunicación y serían muchas otras las señales que comprueban que no hay respeto por el interlocutor. ¿Conclusión? Interlocutor ofendido, necesidad de defensa. Vuelve el ciclo conflictivo. Además. Toma en cuenta que en el contexto del social Media, tú educas a tu audiencia. Si mantienes un lenguaje respetuoso, difícilmente tu audiencia te falte el respeto –a pesar de que puedan hacerte críticas-.

4.- Advertencias, amenazas, manipulación y victimización

Aunque tu intención a la hora de comunicarte sea que el otro cambie su punto de vista, las fórmulas amenazantes o manipuladoras sólo complican las relaciones. Sí, en marketing es usual echar mano del “sentido de pérdida” de una oferta, por ejemplo: si llamas en las próximas 3 horas te ofrecemos un decuento de 95%. La frase es una amenaza pero está justificada porque pretende forzar desde el plano emocional (voy a perder la oferta) una decisión que debe ser racional (me conviene o no hacer esa inversión). Esta fórmula es en sí amenaza y manipulación pero tal vez se te haga difícil verlo porque está “socialmente aceptada” como técnica de ventas. ¿Cuál es el problema? Que fuera del contexto de ventas, es fácil que sea interpretada como una agresión y será más violenta cuanto más cercanos sean tú y tu interlocutor. Pero… ¿violento cómo si yo no mato ni a una mosca? La violencia y la agresión no necesariamente son físicas y las más peligrosas –por difíciles de detectar y por dejar cicatrices más profundas- son las emocionales, que se ejecutan a través del lenguaje. Así, con la repetición constante de frases claras como «tú no sirves para nada» o solapadas como «no es posible que nada te salga bien» se puede socavar el autoestima de una persona al punto de anularle por completo. Y así terminamos siempre preguntándonos de donde vienen nuestras inseguridades.

5.- Órdenes

A menos que estés en tu sitio de trabajo y debas pedirle a alguien más que ejecute una tarea específica, las órdenes están fuera del ámbito de la comunicación efectiva. ¿Por qué? Sencillo, no puedes andar por el mundo como el Rey que pretende ser servido porque el mundo actual no funciona de esa manera. Aquí volvemos a lo políticamente correcto y es entonces cuando la orden –incluso dentro del ambiente laboral- debe ser expresada de una manera que no resulte agresiva para tu interlocutor, sobre todo al señalar o sugerir el hecho de que seas su jefe. Para esto, sustituir las fórmulas imperativas por las descriptivas y recordar herramientas básicas de la buena educación como un «por favor» y un «gracias» suelen bastar para que la comunicación sea efectiva (se realice la tarea) y fluida.

6.- Sermones moralizantes

Ah, los sermones… Tan tediosos de escuchar y tan fácil que es caer en ellos. Aquí generalmente se combinan todos los vicios de la comunicación por un “bien mayor” que generalmente es explicar tu punto. Es decir, en tu mejor intento de dejar clara una idea te vales de regaños, manipulación, insultos, amenazas y demás por darle una dimensión global a lo que quieres explicar pero, en su lugar, tu interlocutor se distrae o se queda pegado en esas frases que –dices sin mala intención- le resultan agresivas y su mente divaga hasta el momento en que le toque defenderse. Sí, otra vez defenderse y otra vez se rompió la comunicación.

7.- Comparaciones

¿Alguna vez te has puesto a pensar que la comparación es una manera de desvirtuar la individualidad de alguien? Pues, lo es y como tal, también es una falta de respeto. ¿Por qué? Porque –sin quererlo- dejas de reconocer su identidad para sugerir o implicar que debería ser como alguien más y… ¡Vamos! Todos estamos en el mismo camino de ser nosotros mismos, cualquier idea distinta es una agresión.

8.- Sarcasmos

Esta hermosa herramienta del lenguaje y del humor mordaz se ha convertido en la manera de expresión por default de muchas personas y la verdad es que eso en sí no está bien ni mal, es sólo un hecho. ¿Cuál es el probolema del sarcasmo en la comunicación? Nuevamente el contexto entre quien comunica y quien recibe el mensaje. Lo que sí me parece grave es he visto a muchos padres hablar con sarcasmo a sus hijos pequeños y luego veo a esos mismos padres frustrados por la actitud agresiva de los chamos o porque no consiguen el efecto esperado. Ahora, tú te preguntarás por qué sucede eso si entre padres e hijos el contexto debería ser similar… ¡Pues no! Lo niños están en proceso de formación y el sarcasmo y la ironía son algo así como contraórdenes que son difíciles de procesar si no se reconocen como tal. Por ejemplo, ante una frase como: «¿Sabías que tienes examen mañana y dejas el libro en escuela? ¡Qué pilas! Eres muy inteligente», un niño de 10 años probablemente se quede pensando en qué tiene que ver la inteligencia con dejar el libro o con la mala memoria y en el próximo examen le vuelve a suceder. Ahora, eso es en un contexto íntimo… Imagínate ahora cómo es en Social Media, donde puede que no puedas ver a la cara al emisor, ni escuchar su tono de voz… A veces ni siquiera puedes leerlo bien porque los singnos de puntuación están mal empleados o no existen y de paso están en un único tuit que pude significar mil cosas a la vez ¿cómo interpretas el sarcasmo en ese escenario? Pues, sencillo, con el contexto que es más evidente para ti que recibes el mensaje pero… ¿Eso se ajusta a la intención del emisor? Tal vez nunca lo sabremos porque hay tantos vicios del lenguaje involucrados que nos sale mejor aprender mandarín en 5 lecciones (sarcasmo).

Llegados a este punto, puedo suponer que te viste reflejado en más de uno de los escenarios que describí para ti pero –como te digo una cosa, te digo la otra, no es mal de morirse. No quiere decir que porque reconozcas que usas frecuentemente una o varias de esta herramientas tu comunicación está irremediablemente rota. Es más, tú mismo puedes comprobar que no es así porque –efectivamente- tienes relaciones que funcionan permanentemente o a ratos.

Entonces, una vez reconocidas cuáles son esas piedras en el camino sólo queda despejarlas. El primer paso –reconocerlas- ya los diste, ahora queda de tu parte sustituirla por fórmulas de comunicación que propicien un ambiente más cordial entre tu persona y aquellos con los que te comunicas en la vida o en las redes y, para eso, estaré trabajando en un nuevo post sobre aservividad y comunicación positiva que compartiré contigo tan pronto pueda pero, mientras tanto, te invito a que me dejes tu opinión en este post.

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