¿Cómo se vive en Venezuela?

¿Cómo se vive en Venezuela?

Hace unos meses estaba en Argentina dictando una conferencia y me tocó explicarle a un par de extranjeras (Paraguay y El Salvador) la situación social, política y económica que vivimos en Venezuela. Mis palabras aún retumban dentro de mi cabeza, creo que hasta ese día yo misma no había caído en cuenta del asunto.

Así se vive en Venezuela:

La mayoría de las tiendas de víveres están desabastecidas, hablo de supermercados (de cadenas e independientes –los pocos que quedan-), abastos y bodegas. Para comprar en las tiendas de víveres alimentos como arroz, pasta, café, azúcar, aceite, mantequilla, mayonesa, leche pasteurizada o en polvo –y otros que no me vienen a la mente-, el Gobierno dispuso un día a la semana determinado por el último dígito de la cédula; en mi caso el 7, que corresponde a los jueves.

El vicepresidente de la República dice que no hay colas, que son un montaje o que la oposición le paga a la gente para que vaya a abarrotar los establecimientos y crear esta sensación de caos. Lo cierto es que las colas están, la gente duerme en los establecimientos procurando tener uno de los primeros lugares en la cola porque nunca se sabe qué mercancía llegará, cuanta llegará o a qué hora se hará el despacho. Lo mejor que te puede pasar es que duermas en un establecimiento X, que tengas uno de los primeros 50 números y este establecimiento sea despachado a primera hora de la mañana porque eso te daría la opción a probar suerte en otro local. Sí, es necesario hacerlo porque sea lo que sea que haya llegado, puede no ser lo que más necesitas o no ser todo lo que necesitas así que toca seguir buscando.

Aquí, mi mente se divide en dos, en el caso de que esa gente haya sido pagada por la oposición, como dice el vice, ¿cuánto le pagan? ¿con qué le pagan? Yo aspiro que la paga trascienda los 2 Kg de harina de maíz y los 500 gr de mantequilla que puede comprar una persona por semana (sí, por semana, porque las captahuellas sirven para cotejar que no hayas comprado ese mismo producto en otra tienda en cualquier parte del país); y espero que el pago también les alcance para pagar en sus bachaqueros de confianza porque los últimos casos conocidos es que han vendido cal en bolsas de leche en polvo, pega en tubos de crema dental y otros productos igualmente adulterados.

«Espero que lo que la oposición «paga» por hacer colas, sea más que 2 Kg de harina de maíz y 1 Lt de aceite»

La verdad es que muchos de esos alimentos no son imprescindibles para la dieta básica. Bueno, podríamos sustituir las harinas por carbohidratos provenientes de vegetales, cocinar sin grasas, más las proteínas y ya tenemos la más fitness de las dietas. Pero aquí si aplicó la economía de mercado: la baja producción de carne, huevo y pollo provocó el alza de sus precios y con éstos el del cochino y el –ya bastante caro- pescado. De paso, el aumento en la demanda de vegetales llevó a subir algunos precios más de 200%. Dicho en números: 1Kg de carne de res Bs 4.800, 1 Kg de yuca Bs 980, 1 Kg de papa Bs 980, 1 Kg de tomate Bs 2.500, sueldo mínimo en Venezuela Bs 18.000, saca tus cuentas.

En esa situación están también los más básicos productos de higiene personal (desodorante, champú, jabón de baño, etc.), así que si conseguiste lo que necesitabas de alimentos en la tienda donde dormiste, lo mejor que te puede pasar es que vayas a una cadena de farmacias o de perfumerías (las sobrevivientes, no esotéricas) para comenzar tu colita a la hora que llegas y a rezar para que el despacho del día alcance para ti. Un buen jueves, bien podrían ser 2 colas que comenzaron a la media noche y terminaron a las 2 pm. Pero si no conseguiste lo que buscabas, te toca hacer cola hasta que el cuerpo aguante o hasta las 7 pm que es la hora en la que cierra la mayoría de los establecimientos.

Pero no todo es tan malo. La verdad es que todavía hay muchos bodegones (esas tiendas especializadas en víveres muy finos donde uno puede conseguir caviar y cosas por el estilo) que están bien abastecidos de productos importados de primera calidad. Allí podemos conseguir ½ Kg de pasta en Bs 2.750, 1Lt de leche pasteurizada en Bs 3.200, un frasco de mayonesa de 300 gr en Bs 3.500, un desodorante en Bs 4.500 y así… Creo que la gravedad del asunto se explica sola.

Con los medicamentos es, más o menos, el mismo calvario aunque la Ministra de Salud diga lo contrario. En muchos casos no hay día asignado, lo que asignan los divinos designios es el día en que aparecerá el medicamento que necesitas: desde un antihistamínico corriente como la loratadina, pasando por acetaminofén y terminando en todos los antihipertensivos, metformina, insulinas, analgésicos antiinflamatorios y muchos antibióticos. Los medicamentos e instrumental clínico asociados a patologías graves o de alto costo (diálisis, quimioterapias, etc.) se consiguen de vez en cuando pero es preferible registrarse en las farmacias de alto costo a ver si de verdad te llaman para decirte que llegó. Esto, que debería ser una seguridad, es apenas una noción y muchos pacientes interrumpen sus tratamientos por falta de cosas sencillas como algún guante o una aguja y deben comenzarlo de nuevo, lo que le acarrea altos costos al paciente y, en algunos casos, al Gobierno.

Sí, al Gobierno. Hasta hace relativamente poco teníamos un sistema de salud precario, donde los centros asistenciales comunes (hospitales) brillaban por sus deficiencias y se complicaron con el intento –muy de buena fe- del proyecto Barrio Adentro que trajo a los médicos cubanos. Aún hoy pienso que Barrio Adentro habría funcionado en otra Venezuela, una en la que los sanitaristas cubanos no se hubieran visto obligados a sobrepasar sus funciones y adiestramiento en un intento desesperado por salvar la vida de un paciente, una en la que todo el sistema de Barrio Adentro hubiera comenzado a trabajar a la par: módulos asistencias, centros de diagnóstico integral; una en la que se hubiera hecho primero una campaña educativa para no tener que aprender a los golpes.

«Barrio Adentro hubiera funcionado en un país con política institucional educativa, no en uno que sólo aprende a golpes».

Aún así, había cierto nivel de acceso a trasplantes, quimioterapia y otras enfermedades de alto costo –la hipertensión pulmonar es el caso que conozco mejor- y en algunos casos, el Gobierno garantizaba el tratamiento y su continuidad a través del Seguro Social. ¿Qué pasó? Pasó la venezolanidad, pasó el “pan pa’hoy, hambre pa’mañana” que nos caracteriza; pasó que hoy le damos prioridad al cáncer, el VIH no es tan importante y otros caprichos similares. Pero, lo que en realidad pasó es que teta petróleo ya no da más, que todo lo que dio lo devolvimos a otros países en nombre de la integración latinoamericana con beneficios en plazos de pago, intereses bajos e intercambios en lo que no era Venezuela quién salía más favorecida.

De esto también estoy convencida: en los sueños utópicos de Chávez, había uno recurrente. Este, el de una Venezuela en caos, sumergida en la pobreza y la miseria económica, política y moral; en la que todos esos países que favoreció se quitaban el pan de la boca para rescatar a Venezuela. Eso no sucedió y no va a suceder. En el mejor de los casos, los que se han ofrecido a “ayudar” ha sido en los términos de cualquier negociación, sin preferencias ni descuentos, por lo que no puedo dejar de preguntarme: ¿en serio? ¿con qué crees que te vamos a pagar?

«En los sueños utópicos de Chávez: latinoamérica se quitaba el pan de la boca para alimentar a Venezuela»

Pero bueno, sigamos con la Venezuela de hoy. Ya hablamos de medicinas, alimentos y artículos de higiene personal, pero no hemos hablado de emprendimientos. Y es que esta crisis dio origen al mayor emprendimiento colectivo que ha vivido nuestro país: el bachaqueo. Definámoslo: dícese de aquél hijo de vecina que cuenta con una red de distribución bajo cuerda y conoce a alguien que trabaja en una farmacia, supermercado o afín y puede conseguir productos regulados para ser vendidos en el mercado negro, con sobreprecio y ganancias superiores a las de cualquier productor/comerciante legal. Señores, no nos caigamos a embustes, estos nombres trendy que le damos a todo nos alejan de su razón de ser: puro y simple contrabando. Con su peso legal y todos los juguetes pero con el ojo ciego de los cuerpos policiales y la justicia que creen que ignorando a los bachaqueros le hacen un bien al pueblo que no puede –por trabajo o discapacidad- perder un día en el tour de colas.

«El bachaqueo es la perversión del venezolano emprendedor».

Todo este via crucis viene adornado con la descomposición social generalizada: quienes no están deprimidos, están de mal humor; quienes no están ni deprimidos ni de mal humor están sorteando a los malandros que se han dedicado a robar a personas que salen de sus colas con productos; no pueden faltar los alborotadores de oficio que están en las colas buscando con quién pagar su rabia; el Gobierno repartiendo limosnas en forma de aumentos de sueldo de 20%; los empresarios y empleadores regatean el sueldo de sus empleados en nombre de lo mucho que a ellos les cuesta ganarse los reales (como si uno no viviera en la misma Venezuela), etc.

«¿Que cómo podemos vivir así? En gerundio, porque no tenemos otra opción»

En fin, señores, así es como se vive en Venezuela. ¿Que por qué lo permitimos? ¿Que por qué vivimos así? Sencillo: porque no tenemos otra opción; porque no tenemos dinero para salir, no queremos dejar a los viejitos de la familia pasando trabajo o nos da miedo ir a pasar trabajo en otro lugar cuando creemos que esto que tenemos aquí es vivir.

Pero la verdad es que vivimos así porque cometimos el error de votar por Chávez en castigo a AD y Copei, sin tomar en cuenta sus capacidades gerenciales ni el verdadero legado de su discurso hostil. Porque no lo creímos capaz de aislar a Venezuela, porque seguimos apoyando al más peleón y no al mejor gerente, porque volvemos a adorar a Ramos Allup y no queremos recordar que le cedió la Asamblea Nacional al chavismo para que rehiciera nuestro marco legal al antojo de sus intereses (y ahora pelea porque ellos lo hacen valer). Porque nos cerraron las puertas de los derechos humanos y ahora nos empiezan a cerrar las ventanas tecnológicas. Y porque no lo creemos y seguimos viviendo en el pasado, cuando decíamos:

«Venezuela no va ser nunca como Cuba, porque Venezuela no es una isla. ¡Yo te aviso, chirulí!»

Lo cierto es que así vivimos: intercambiando lo repetido o llevándoselo a tu abuelito, madre o quien sea que de la tercera edad o discapacitado en tu familia que no puede hacer las colas. Confiando en que Jaua terminará teniendo razón y este rollo se solucionará en semanas (aunque sea en un millón de semanas), comiendo lo que hay, cuando hay y pensando que te gustaría volar para otro país para no tener que pasar por todo esto, pero

La verdad es que estás preso aquí desde hace mucho y ya la resignación superó a la indignación del venezolano de a pie.

Imagen de portada: @unTALLhector

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