Unos lloran, otros venden pañuelos

Toda crisis pone a prueba lo que somos como personas.

Esto quiere decir que lo mejor y lo peor de nosotros sale reducir cuando nos ponen entre la espada y la pared. Ahora, ¿qué es lo que hemos cultivado en nosotros para que se ponga de manifiesto en esos momentos de crisis? Buena pregunta.

La pandemia puede que vaya a ser la crisis mundial más grande que todas las generaciones que estamos vivas en este momento vayamos a atravesar en nuestra existencia, así que es la mejor manera para ponernos a prueba nosotros mismos y decidir de qué estamos hechos.

Por un lado puedes ponerte a llorar por el encierro, por lo que estás dejando de hacer y por lo que estás dejando de ganar o, por el otro lado, puedes ser creativo y decidir nuevas formas de enfrentar esta realidad -que es la realidad que nos tocó vivir- y empezar a ganar en base a estos nuevos términos.

Este es el momento en el que lloras y lo usas de excusa o te aprietas el cinturón y te pones manos a la obra.

Yo prefiero ponerme manos a la obra y ésta ha sido más que la excusa, la oportunidad perfecta para reconciliarme con las tecnologías. Todo lo que va de este año 2020, yo he estado intentando y reintentando volver a las redes sociales, volver a mi dinámica anterior educativa e informativa acerca de lo que son los procesos comunicativos del ser humano dentro de las redes sociales y fuera de ellas, en el ámbito personal. Cómo mejorar nuestras relaciones a través de las redes sociales, cómo establecer una comunicación efectiva dentro y fuera de las redes sociales, pero mi situación de salud -que no es la óptima- ha sido una buena excusa para detenerme y seguir intentando, intentando, intentando…

Y si hay una máxima que es completamente cierta es que intentar es igual a no hacer, no existe. Una cosa es que tú puedas llamar «intento fallido» o «intento exitoso» algo que efectivamente hiciste, pero lo hiciste. El verbo intentar implica hacer algo que no terminas de hacer pero tampoco es «hacer a medias». En el mundo real, tangible, no existe esa concepción etérea de hacerlo a medias: lo intenté pero no lo logré; si lo intentaste y no lo lograste, hiciste algo. Ok. Y eso que hiciste te lleva a una nueva situación porque ya sabes una manera en que la cosa no funciona o una manera en la que podría resultar aún mejor si ajustas algo de lo que te llevó a ese intento fallido pero ya te da un nuevo conocimiento y con el nuevo conocimiento te da también una nueva perspectiva.

Ahora, durante los últimos dos años, la excusa que me digo a mí misma más frecuentemente es «que el cuerpo no me da, me duelen las manos y no puedo estar el tiempo suficiente en la computadora» como para generar contenido para el blog y para mis redes sociales, más la edición de las imágenes o la edición de los videos. Todo eso implica que mi cuerpo esté en situaciones óptimas, sí.

Pero también es verdad que vivimos en un mundo con acceso a tecnologías que nos permiten hacer las cosas cada vez más sencillas y nos permiten paliar estas deficiencias que podamos tener en determinados momentos. ¿Cuál fue la decisión que yo tomé? ¡Vamos aprovechar el tiempo y vamos a activar todas las redes y el blog! Porque no es justo que yo tenga todos los recursos disponibles y estén ahí llevando polvo cósmico, cuando podrían estar siendo útiles a muchas personas.

Ahora, ¿cómo hago para generar contenido para todo? Vamos a optimizar procesos, vamos a encarar nuevas tecnologías y vamos a hacer que la producción de los contenidos sea más fácil para mí en mis condiciones pero que siga teniendo la misma calidad para el público que me sigue.

¿Cómo lo logré? Después de mucho pensar y pensar y pensar, me digo… «para transcribir una entrada del blog, no necesito hacerlo con mi mano». Yo nunca he sido mecanógrafa -por muy rápido que escriba en la computadora-, hay maneras más rápidas de escribirla. ¡Vamos a utilizar el dictado por voz de Google! Eso me permite aprovechar el tiempo de dos maneras: porque puedo extenderme en decir todo lo que quiero comunicar en un momento sobre un tema específico y solamente tardaría en la computadora el tiempo que lleva montarlo, darle formato y corregirlo.

Evidentemente tengo que corregirlo porque el dictado de Google no es perfecto y no incluye signos de puntuación, por ejemplo, entonces si no lo corrijo, divido en párrafos adecuadamente y le coloco los signos de puntuación que corresponden, no me podrían entender y este texto sería una larga sucesión de palabras sin sentido ni razón.

Una vez que ya salí del primer escollo -cómo evitar pasar largo tiempo en la computadora- pasamos a que mi tiempo activo consiste en revisión y edición del texto, sacar el extracto que va para las redes sociales y entonces luego editar las imágenes o videos que lo acompañan. Ya por ahí me quité 80% del tiempo que me tomaba una tarea: escribir un post para el blog.

Ahora me quedan los videos. ¿Qué tan necesarios son? Hace rato que en las redes todos estamos consumiendo videos, las redes lo saben y se valen de eso para que nos comuniquemos en sus términos.

El video es un producto que yo llamaría kinestésico porque nos da diferentes estímulos a la vez para asimilar mejor la información. Una persona que hace vida en redes sociales no se puede quedar anclado a las fotos porque se está quedando -evidentemente- en el aparato. ¿Qué podemos hacer al respecto? Pues vamos a producir videos en serie.

Si yo defino que el día sábado es el día en que yo grabo videos, pues ese día me paro bien temprano, me arreglo, me peino me maquillo, organizó el set y ya -previamente- he preparado unos 3 o 4 guiones para el videoblog que pueda grabarlos juntos. Entonces, en una sola «sentada» sacó 4 contenidos que no van ser diarios. Probablemente los publique interdiarios, para que me permitan tener un «colchón» de publicaciones listas y así no pierdo el ritmo hasta el momento en que vuelva a grabar.

Y si quiero ser más efectiva entonces digo: no sólo grabo el sábado, sino que grabo el sábado y el domingo y lo que hago es que en vez de grabar 4 videos cada día voy a grabar 5 o 6 videos cada día. Así, alternándolos lo con las publicaciones en el blog, con las publicaciones de las redes sociales, voy nutriendo todo mi ecosistema digital y tengo contenido para dos semanas porque -estemos claros en algo- en tiempos de redes sociales -más que nunca- lo que no se exhibe no se vende. Yo puedo saber cómo hacer pepitas de diamante a partir de un maní pero si me quedo con ese conocimiento no voy a ganar tanto como parece.

Puedo ganar mucho más enseñando a otros a que hagan sus diamantes que haciendo diamantes para mí.

Esa es la base de las redes sociales y esa es la base de la democratización de la información y del conocimiento que traen consigo las redes sociales. Partiendo de esta premisa, es imperativo que las marcas que estemos presentes en redes sociales entendamos, aprehendamos que la mezquindad en la información sólo nos perjudica a nosotros mismos porque tenemos que enfrentar y afrontar que ciertamente vivimos en un mundo en el que todo ya está hecho y en el que, si acaso algunos, pocos podemos acreditarnos hacer nuevas conexiones entre esas cosas que ya están hechas y que si no las hago, otro las va hacer.

Por esto, la información que no das tú, otro la va a dar y sólo te perjudica a ti, porque ese público que hoy te sigue va con a encontrar que esa otra persona le es más útil, le da una relación una mejor relación precio-valor (bueno, tal vez no precio-valor pero si inversión-valor) porque si bien no te están pagando porque tú les des información libre de acceso gratis en las redes sociales, sí están invirtiendo su tiempo en consumir tus contenidos y cualquiera va a querer invertir su tiempo en aquel contenido que le genera más valor. Y de allí nace el contenido de valor.

Tiempos de pandemia: un mundo desconocido para todos los que habitamos en él. Nuevas realidades en torno a la producción y distribución de bienes y servicios y en torno a la manera como nos relacionamos y cómo tomamos decisiones en esta nueva realidad temporal. ¿Es el camino preparatorio para una nueva realidad permanente o, al menos, semipermanente? Entonces te toca decidir dónde estás parado en esa nueva realidad. En qué punto del espectro que planteamos al inicio te quieres ubicar: ¿estás entre los que lloran o estás entre los que venden pañuelos?

La decisión sólo la tienes tú y está a una acción de distancia. Basta que lo asumas.

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